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—Bueno, como princesas, tenemos que hacer lo que hacen las princesas. Me sonríe y dice: —Bueno, no sé si podría estar con una mujer que pasa todo su tiempo rodeada de ropa. Josh se tomó su tiempo. Estaba esperando a ver cuánto tiempo podía aguantar. Maldición, comunicaba. Dejó un mensaje explicando que sentía terriblemente no haber podido hablar con ella y que tenía un montón de cosas que contarle. Por un lado, era demasiado bueno para ser verdad, un mensaje celestial, la respuesta a todas sus súplicas. A decir verdad, Mandy se pasó el día entero de risitas con Arabella. Se había sentado delante de una adolescente que, sin ningún género de dudas, iba de camino a la ciudad para pasar el día de compras. Y todos contentos. Vanessa logró esbozar una sonrisa tensa. Ajena a todo ello, Agnita alzó amablemente los ojos hacia Jo y Josh, dedicándoles una sonrisa extremadamente amplia. Abro los ojos y me mira profundamente antes de decir con voz ronca.

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Ella dice: —Si no te importa que lo diga, hacen una gran pareja. Este angelito tiene que ser la hija de Nik. Esa hija tuya debería dedicarse a escribir novelas -le espeté, y me zafé de su mano-. No está siendo nada sencillo. Antes de que Jo tuviera la oportunidad de contestar, él ya había desaparecido de la habitación. Supongo que pensaba que Sheila me quería a mí, y no a él. Imaginó que Pippa se encontraría en la misma situación. No me malinterpretes, no quiero que la chica se muera de hambre, pero… -Ya lo sé, no es la situación ideal, Josh, y lo siento. No es una de esas chicas que se lanzan a demostrar que quieren más a alguien, como la mayoría de chicas que conozco. Está claro. Demasiado liada como para llamarme. —Se ven como si ambos no estuvieran de mal humor. Habría jurado que lo había… -Bueno -dijo Josh-.

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